Regresando al Origen

Posted on February 10, 2013

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El verano pasado abrí la puerta del tercer decálogo y como un lamento agónico llegó a mi la necesidad de exhortar mis miedos, en unas líneas que de por si ya me suenan asquerosas y temerosas. Hace unos meses llegué de Madrid pero ha sido en Bogotá donde he vivido toda mi vida, está ciudad que creo controlar desde lo más sórdido producto de mis desesperadas andanzas entre los muertos. Caminante nocturno desesperanzado de un barrio irónicamente llamado Santafé, conocí los prostíbulos de la zona de tolerancia y aquella mítica Trinchera y Cascada, lugares frecuentados por prostitutas, maricas, y sicarios que celebran el botín después de una noche de trabajo y matanza. A esos lugares de muerte llegaba desalmado y me sentía vivo en el vacío. Chapinero y la Candelaria tampoco se escaparon al denuedo de un hombre joven aullando, así como las terrazas de lo bares de la zona rosa y del parque de la 93 donde una sola cuenta podría pagar un año de educación de un mal llamado ñero, en esté cáncer y en esos sitos también me conocían, es como si siempre me hubieran estado esperando para abortar e intoxicarme de frívola imbecilidad. Y eso hice.

Una generación perdida en la estupidez y en la decadencia. No se puede ser mas decadente que un cerdo sistémico contemporáneo, hijo de la moral materialista y subyugado a morir siendo infeliz. El que gana en esté sistema también pierde. Somos moscas saliendo de la mierda para volar entre los cerdos, inocuos y eunucos nos movemos sin esperanza. Colombia parece estar igual, sus gentes y el aire parecen estar inmovilizados, el letargo apresura el paso y nos tiene encapsulados. La indiferencia reina campante entre la calle y creemos que nos protege pero sin darnos cuenta se convierte en nuestro suicidio colectivo. El temor al fracaso es latente y la soledad palpable. En otros lugares los jóvenes han entendido que si no asumen la dirección del su país nadie va a ir a salvarselos, mientras nosotros seguimos dejando nuestros designios a quienes realmente no les importamos.

Como el efecto de un consolador resulta considerar la capacidad metamórfica que nos asegura que no seremos siempre los mismos. Los ideales van cambiando y los principios también. No se si llegará un día en que la definición me alcance, espero que no. Esos que dicen tener principios inquebrantables son unos idiotas, solo los estúpidos se niegan a la contradicción y a mutar desde sus mismas entrañas. Supongo que es eso lo que me esta pasando, la metamorfosis es mi compañera de cama y sin saber como me levanto. El devenir es inesperado como los resultados de la cirugía, del bicéfalo no sabemos si el monstruoso fue extirpado, el tiempo apremia y regreso al origen con vientos de cambio.

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Posted in: Narrativa simple